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Enseñanzas para descargar...
cuentos y reflexiones.
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COMODIDAD: LA CLAVE PARA UN NUEVO MUNDO
Un día, un hombre sabio y piadoso clamó al
cielo por una respuesta.
El hombre aquel encabezaba un grupo de misioneros que oraban por la paz del
mundo, para lograr que las fronteras no existieran y que toda la gente viviera
feliz.
La pregunta que hacían era: ¿Cuál es la clave, Señor, para que el mundo viva en
armonía?
Entonces, los cielos se abrieron y después de un magnífico estruendo, la voz de
Dios les dijo: COMODIDAD.
Todos los misioneros se miraban entre si, sorprendidos y extrañados de escuchar
esa palabra de la propia voz de Dios.
El hombre sabio y piadoso preguntó de nuevo: ¿Comodidad Señor?, ¿qué quieres
decir con eso?.
Dios respondió: La clave para un mundo pleno es: Como di, dad. Es decir, así
como yo les di, dad ustedes a sus prójimos. Como di, dad ustedes fe; Como di,
dad ustedes esperanza; Como di, dad ustedes caridad; Como di, dad sin límites,
sin pensar en nada más que dar, dad ustedes al mundo.
Sigamos la clave: Como dí, dad. ¿Qué te pide el Señor que des de ti en este año?
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AGUANTA UN POCO MAS
Autor:
Desconocemos el autor. Traducido y adaptado por el
Padre Jordi Rivero
Se cuenta que en
Inglaterra había una pareja que gustaba de visitar las
pequeñas tiendas del centro de Londres. Al entrar en
una de ellas se quedaron prendados de una hermosa
tacita. "¿Me permite ver esa taza?" preguntó la
señora, "¡nunca he visto nada tan fino!"
En las manos de la señora, la taza comenzó a contar su
historia: "Usted debe saber que yo no siempre he sido
la taza que usted está sosteniendo. Hace mucho tiempo
yo era solo un poco de barro. Pero un artesano me tomó
entre sus manos y me fue dando forma. Llegó el momento
en que me desesperé y le grité: "¡Por favor..ya déjeme
en paz...!" Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo:
..."Aguanta un poco más, todavía no es tiempo"
Después me puso en un horno. ¡Nunca había sentido
tanto calor!.... toqué a la puerta del horno y a
través de la ventanilla pude leer los labios de mi amo
que me decían: ..."Aguanta un poco más, todavía no es
tiempo."
Cuando al fin abrió la puerta, mi artesano me puso en
un estante. Pero, apenas me había refrescado, me
comenzó a raspar, a lijar. No se cómo no acabó
conmigo. Me daba vueltas, me miraba de arriba a abajo.
Por último me aplicó meticulosamente varias
pinturas...Sentía que me ahogaba... "Por favor déjame
en paz", le gritaba a mi artesano; pero él sólo me
decía:..."Aguanta un poco más, todavía no es tiempo."
Al fin, cuando pensé que había terminado aquello, me
metió en otro horno, mucho más caliente que el
primero. Ahora si pensé que terminaba con mi vida. Le
rogué y le imploré a mi artesano que me respetara, que
me sacara, que si se había vuelto loco. Grité, lloré;
pero mi artesano sólo me decía: "Aguanta un poco más,
todavía no es tiempo."
Me pregunté entonces si había esperanza... si lograría
sobrevivir aquellos tratos y abandonos. Pero por
alguna razón aguanté todo aquello. Fue entonces que se
abrió la puerta y mi artesano me tomó cariñosamente y
me llevó a un lugar muy diferente. Era precioso. Allí
todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de
arte, resplandecían como solo ocurre en los sueños. No
pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en una
fina tienda y ante mi había un espejo. Una de esas
maravillas era yo. ¡No podía creerlo! ¡Esa no podía
ser yo!
Mi artesano entonces me dijo: "Yo se que sufriste al
ser moldeada por mis manos, mira tu hermosa figura. Se
que pasaste terribles calores, pero ahora observa tu
sólida consistencia, se que sufriste con las raspadas
y pulidas, pero mira ahora la finura de tu
presencia... y la pintura te provocaba nausea, pero
contempla ahora tu hermosura.. y, ¿si te hubiera
dejado como estabas?
¡"Ahora eres una obra terminada! ¡lo que imaginé
cuando te comencé a formar!".
Querido hermano que lees. Usted es una tacita en las
manos del mejor alfarero: Dios. Confíate en Sus
amorosas manos aunque muchas veces no comprendas por
qué permite tu sufrimiento. AGUANTA UN POCO MÁS Y
SERÁS EL HIJO/A QUE EL SOÑÓ PARA TODA LA ETERNIDAD...
Eclesiástico 33:13
Como la arcilla del alfarero está en su mano, - y
todos sus caminos en su voluntad -, así los hombres en
la mano de su Hacedor.
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UN CUENTO PARA REFLEXIONAR...

Una vez un Sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al mediodía. Al
pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quien había venido a rezar.
En ese momento se abrió la puerta, el sacerdote frunció el entrecejo al ver a un
hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace
varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado cuyos bordes se
habían comenzado a deshilachar. El hombre se arrodillo, inclinó la cabeza, luego
se levanto y se fue.
Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, estaba en la
Iglesia cargando una maleta... se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir.
El sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón,
por lo que un día se puso en la puerta de la Iglesia y cuando el hombre se
disponía a salir le pregunto: "¿Qué haces aquí?". El hombre dijo que trabajaba
cerca y tenía media hora libre para comer y aprovechaba ese momento para rezar,
"Solo me quedo unos instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así
que sólo me arrodillo y digo: 'Señor, sólo vine nuevamente para contarte cuán
feliz me haces cuando me liberas de mis pecados... no sé muy bien rezar, pero
pienso en Ti todos los días... así que Jesús, este es Juan reportándose".
El Padre, sintiéndose un tonto, le dijo a Juan que estaba bien y que era
bienvenido a la Iglesia cuando quisiera.
El sacerdote se arrodilló ante el
altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a
Jesús. Mientras sus lagrimas corrían por sus mejillas, en su corazón repetía la
plegaria de Juan: "SOLO VINE PARA DECIRTE, SEÑOR, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE TE ENCONTRE A TRAVES DE MIS SEMEJANTES Y ME LIBERASTE DE MIS PECADOS...NO SE MUY
BIEN COMO REZAR, PERO PIENSO EN TI TODOS LOS DIAS... ASI QUE JESUS, SOY YO
REPORTÁNDOME".
Cierto día el sacerdote notó que el viejo Juan no había venido. Los días
siguieron pasando sin que Juan volviese para rezar. Continuaba ausente, por lo
que el Padre comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a
preguntar por él; allí le dijeron que él estaba enfermo, que pese a que los
médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenia una
chance de sobrevivir.
La semana que Juan estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo
el tiempo y su alegría era contagiosa. La Jefa de enfermeras no podía entender
por qué Juan estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni
tarjetas, ni visitas. El sacerdote se acercó al lecho de Juan con la enfermera y
ésta le dijo, mientras Juan escuchaba: "Ningún amigo ha venido a visitarlo, él
no tiene a donde recurrir". Sorprendido, el viejo Juan dijo con una sonrisa: "La
enfermera está equivocada... pero ella no puede saber que TODOS LOS DIAS, desde
que llegue aquí, al MEDIODIA, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la
cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mi y me dice:
"SOLO VINE PARA
DECIRTE, JUAN, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE ENCONTRE TUAMISTAD Y TE LIBERE DE TUS
PECADOS. SIEMPRE ME GUSTO OIR TUS PLEGARIAS, PIENSO EN TI CADA DIA... ASI QUE
JUAN, ESTE ES JESUS REPORTÁNDOSE"
Ahora, cada día, no debemos perder la oportunidad de decirle a Jesús: "Aquí
estoy REPORTÁNDOME..." Aunque como Juan no sepamos bien como rezar, no
abandonemos nuestra oración diaria, hermanos, que le dan al Señor tanto gozo y
regocijo.
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