(Fragmento)

"...Además Jesús nos dice: Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.

Pero ¿cómo daremos la paz, si ella no habita en nuestros corazones?

San Agustín afirma que todos desean la paz.

Sin embargo, cuando se contempla la realidad del mundo, de algunos sectores de nuestra sociedad, de muchas familias y, aun, de determinadas comunidades cristianas, uno se encuentra con la lamentable realidad de que se hallan divididos o enfrentadas, o viviendo diversos grados de desamor en los que no hay lugar para la paz.

Por lo tanto, es de capital importancia que seamos hombres y mujeres colmados y rebosantes de la verdadera paz.

De este modom no será esta una paz intimista y facil agotable, sino que, viniendo de Dios, que sana y serena los corazones, nos llevará a ser instrumentos de su paz para el mundo, pues brotará como un manantial de agua viva, de lo mas profundo de nuestro ser.

A lo largo de estas reflexiones, le pediremos al Espíritu Santo que sea él quien te guie.

El de manera invisible y amorosa, te tomara de la mano y te ira mostrando suavemente las heridas de tu alma y los pensamientos o deseos ladrones que te roban la paz..."